La crisis del siglo (Ignacio Ramonet)

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La crisis del siglo (Ignacio Ramonet)

Mensagempor casdeiro » segunda, 13 out 2008, 15:16

Trasmito artigo dun dos galegos máis destacados da Diáspora, Ignacio Ramonet, recibido vía El Grano de Arena, de ATTAC:

LA CRISIS DEL SIGLO

Ignacio Ramonet

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado "septiembre
negro" han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura
financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece.

Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que
representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un
cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de Economía: "Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo". Se termina el periodo abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: "El Estado no es la solución, es el problema". Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La "edad de oro" de Wall Street se ha acabado. Y también una etapa de
exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, "amos del universo" denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes. Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas a corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de
riesgos, hedge funds... La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el
planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de
financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una
economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a
representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca "burbuja" ha reventado.

El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200.000 millones de
euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se han desmoronado: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero se ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de
regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de
seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody's,
Fitch) y hasta las auditoras contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las "hipotecas
basura" (subprime) era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez
orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la
vivienda. Todo esto ha sido denunciado -en estas columnas- desde hace
tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La Administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las
principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddie Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañía de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (ex presidente de la banca Goldman Sachs...) ha propuesto un plan de rescate de las acciones "tóxicas" procedentes de las "hipotecas basura" por un valor de unos 500.000 millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado -las
mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los banksters
("banquero gangster") a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el
presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un coste de 4.000 millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las
cuales no tienen "plan B" para sacar provecho del descalabro. En particular
las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo
de refundación y de audacia.

¿Cuánto durará la crisis? "Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez
si las autoridades actúan con mano firme", vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo "New Deal" basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Notas:
(1) Financial Times , Londres, 23 de septiembre de 2008.
http://www.monde-diplomatique.fr

rosamerchi
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La crisis del siglo (Ignacio Ramonet)

Mensagempor rosamerchi » terça, 14 out 2008, 01:01

Excelente artículo, gracias por compartirlo.
Quiero destacar este párrafo, para que lo leamos "repetido" y detenidamente:

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los banksters
("banquero gangster") a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el
presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un coste de 4.000 millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.


triste, no? siempre sobra para los mendas................... a ver como carallo arreglan todo eso para salir del embrollo y que sobre lo mínimo para los ciudadanos de a pie, cosa que lo dudo.
apertas com agarimo

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Mensagempor casdeiro » terça, 14 out 2008, 07:29

Sego copiando:

ATTAC, diez años alertando sobre el peligro de los especuladores.
Lamentamos constatar que las denuncias y vaticinios de ATTAC se han confirmado. El mundo ha sido arrastrado por la locura neoliberal hacia una debacle de consecuencias impredecibles. Está demostrado, los mercados no son capaces de regularse por sí mismos Ante la crisis financiera
http://latasatobin.blogspot.com/2008/10 ... ciera.html

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Mensagempor casdeiro » terça, 14 out 2008, 07:32

EL ESTREMECIMIENTO DE LOS MUROS

Frei Betto*

En el 2009 se cumplirán 20 años de la caída del muro de Berlin, símbolo
de la bipolaridad de un mundo dividido entre dos sistemas: capitalismo y
socialismo. Ahora asistimos al derrumbe de Wall Street (Calle del Muro) en
donde se concentran las sedes de los más grandes bancos e instituciones
financieras.

El muro que dio nombre a la calle de Nueva York fue construido por los
holandeses en 1652 y destruido por los ingleses en 1699. Nueva Ámsterdam dio lugar a Nueva York.

El apocalipsis ideológico del este europeo, nunca previsto por analista
alguno, fortaleció la idea de que fuera del capitalismo no hay salvación,
Actualmente la crisis del sistema financiero derriba el dogma de la
inmaculada concepción del libre mercado como única panacea para la buena marcha de la economía.

Todavía no es el fin del capitalismo pero talvez sea la agonía del
carácter neoliberal que hipertrofió el sistema financiero. Acumular fortunas se convirtió en algo más importante que producir bienes y servicios. Se
infló la burbuja especulativa y de repente explotó.

Reiterase sin embargo la vieja receta: luego de privatizar las ganancias el
sistema socializa las pérdidas. Destruye la cantilena de ³menos estado y
más iniciativa privada² En el momento de la crisis se apela al Estado como
tabla de salvación en la forma de 700 mil millones de dólares (5% del PBI
de los EEUU o el equivalente al costo del petróleo consumido en un año en
aquel país), inyectados con el objeto de anabolizar el sistema financiero.

Esta decisión de Bush serviría para erradicar el hambre en el mundo. Pero
¿quién se preocupa de los pobres? Debido al aumento de los precios de los
alimentos, el numero de hambrientos crónicos, según Jacques Diouf,
director general de la FAO, aumentó de 850 millones a 950 millones en los últimos doce meses.

¿Quién pagará la factura del proceder usamericano? La respuesta es
obvia: el contribuyente. Se prevé que se producirá el desempleo inmediato de 11 millones de personas vinculadas al mercado de capitales y al sector de la construcción. Los fondos de pensión, descapitalizados, no podrán honrar los derechos de millones de jubilados, sobre todo de aquellos que invirtieron en la previsión privada.

La restricción del crédito tiende a producir la reducción de la
producción y del consumo. Los bancos de inversión ponen las barbas en remojo. Aumentarán los impuestos. El mercado funcionará bajo el régimen de libertad vigilada: ahora sirve el modelo chino de control político de la economía y ya no más la economía controlando la política como sucede en el neoliberalismo.

En 1967, J.K. Galbraith llamaba la atención sobre la crisis del carácter
industrial del capitalismo. Nombres como Ford, Rockefeller. Carnegie o
Guggenheim, ejemplos de empresarios desaparecían del escenario económico para dejar paso a una enorme red de accionistas anónimos, deslocalizando a las empresas desde el parque industrial hacia la Bolsa de Valores.

En la década siguiente, Daniel Bell alertaría sobre la íntima
asociación entre la información y la especulación, señalando las contradicciones culturales del capitalismo: el ascetismo (acumulación) en puja con el estímulo al consumismo; los valores de la modernidad destronados por el carácter iconoclasta de las innovaciones científicas y tecnológicas: ley y ética como antagónicas del mercado a medida que este se convertía cada vez más en árbitro de las relaciones económicas y sociales.

Si la caída del muro de Berlin aportó al este europeo más libertad y
menos justicia, introduciendo desigualdades escandalosas el abatimiento de Wall Street obliga al capitalismo a reformularse. ¿Hace más feliz al mundo el casino global? Obviamente no. El fracaso del socialismo real significa acaso la victoria del capitalismo virtual ( solo real para un tercio de la humanidad). Tampoco.

No se mide el fracaso del capitalismo por sus crisis financieras sino por
la exclusión del acceso a los bienes esenciales de consumo y a los derechos a la ciudadanía, como la alimentación, la salud, la educación ­ de dos tercios de la humanidad . son 4 mil millones de personas que según la ONU viven entre la miseria y la pobreza con un ingreso diario de 3 U$S.

Es imprescindible buscar con urgencia otro mundo posible, económicamente justo, políticamente democrático y ecológicamente sustentable.

*Frei Betto es escritor y asesor de los movimientos sociales, autor de el
³Calendario del Poder² (Rocco) y otros libros.

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Mensagempor casdeiro » terça, 14 out 2008, 07:34

UNA CONVERSACIÓN FICTICIA

Se trata de una conversación imaginaria sobre la economía ficción del mundo financiero especulativo extraída de la película Wall Street dirigida por Oliver Stone hace 20 años.

En ella Gordon Gekko, el multimillonario inversionista en sus oficinas de lujo en Nueva York le dice a su aprendiz Bud Fox que Wall Street es "una ilusión que se ha vuelto real". El aprendiz le pregunta acerca de los límites de la avaricia, "¿Pero cuánto es suficiente?", furioso porque Gekko está por comprar una aerolínea sólo para destruir la empresa como negocio; empresa donde trabajan el padre de Fox y otros sindicalizados que perderán sus empleos. Gekko le responde que si no sabía que "el uno por ciento del país es dueño del cincuenta por ciento de la riqueza", y que más del 90 por ciento del país ha sido convencido de que así es el mundo.

"Yo produzco nada", dice, ya que sólo juega con lo que ha sido creado por otros. Y acaba: "A poco eres tan ingenuo que crees que vivimos en una democracia. Esto es el libre mercado".

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Mensagempor casdeiro » terça, 14 out 2008, 08:20

Faltábanos Chomsky! ;-)

La cara antidemocrática del capitalismo, al descubierto

Noam Chomsky
Irish Times


El desarrollo de una campaña presidencial norteamericana simultánea al desenlace de la crisis de los mercados financieros ofrece una de esas ocasiones en que los sistemas político y económico revelan vigorosamente su naturaleza.

Puede que la pasión por la campaña no sea una cosa universalmente compartida, pero casi todo el mundo puede percatarse de la ansiedad desatada por la ejecución hipotecaria de un millón de hogares, así como de la preocupación por los riesgos que corren los puestos de trabajo, los ahorros y la asistencia sanitaria.

Las propuestas iniciales de Bush para lidiar con la crisis apestaban a tal punto a totalitarismo, que no tardaron en ser modificadas. Bajo intensa presión de los lobbies, fueron reformuladas "para claro beneficio de las mayores instituciones del sistema? una forma de deshacerse de los activos sin necesidad de fracasar o casi", según describió el asunto James Rickards, quien negoció en su día, por parte del fondo de cobertura de derivados financieros Long Term Capital Managemen, su rescate federat en 1998, recordándonos ahora, de paso, que estamos pisando vía ya trillada. Los orígenes inmediatos del presente desplome están en el colapso de la burbuja inmobiliaria supervisada por el presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, quien sostuvo la cuitada economía de los años de Bush amalgamando el gasto en consumo fundado en deuda con la toma de préstamos del exterior. Pero las raíces son más profundas. En parte, se hallan en el triunfo de la liberalización financiera de los últimos 30 años, es decir, en las políticas consistentes en liberar a los mercados lo más posible de regulación estatal.

Las medidas tomadas a este respecto, como era predecible, incrementaron la frecuencia y la profundidad de los reveses económicos graves, y ahora estamos ante la amenaza de que se desencadene la peor crisis desde la Gran Depresión.

También resultaba predecible que los reducidos sectores que se hicieron con los enormes beneficios dimanantes de la liberalización llamarían a una intervención masiva del estado, a fin de rescatar a las instituciones financieras colapsadas.

Tal intervencionismo es un rasgo característico del capitalismo de estado, aunque la escala actual es inaudita. Un estudio de los investigadores en economía internacional Winfried Ruigrok y Rob van Tulder encontró hace 15 años que, al menos 20 compañías entre las 100 primeras en el ranquin de la revista Fortune, no habrían sobrevivido si no hubieran sido salvadas por sus respectivos gobiernos, y que muchas, entre las 80 restantes, obtuvieron substanciales ganancias por la vía de pedir a los gobiernos que "socializaran sus pérdidas", como hoy en el rescate financiado por el sufrido contribuyente. Tal intervención pública "ha sido la regla, más que la excepción, en los dos últimos siglos", concluían.

En una sociedad democrática que funcionara, una campaña política tendría que abordar estos asuntos fundamentales, mirar a la raíz de las causas y de los remedios, y proponer los medios a través de los cuales el pueblo que sufre las consecuencias pudiera llegar a ejercer un control efectivo.

El mercado financiero "deprecia el riesgo" y es "sistemáticamente ineficiente", como escribieron hace ya una década los economistas John Eatwell y Lance Taylor, alertando de los peligros gravísimos que entrañaba la liberalización financiera y mostrando los costes en que, por su causa, se había ya incurrido. Además, propusieron soluciones que, huelga decirlo, fueron ignoradas. Un factor de peso es la incapacidad para calcular los costes que recaen sobre quienes no participan en las transacciones. Esas "externalidades" pueden ser enormes. La ignorancia del riesgo sistémico lleva a una aceptación de riesgos mayor de la que se daría en una economía eficiente, y eso incluso adoptando los criterios más estrictos.

La tarea de las instituciones financieras es arriesgarse y, si están bien gestionadas, asegurar que las pérdidas potenciales en que ellas mismas puedan incurrir quedarán cubiertas. El énfasis hay que ponerlo en "ellas mismas". Bajo las normas del capitalismo de estado, no es asunto suyo tomar en cuenta los costes que para otros puedan tener ?las "externalidades" de una supervivencia decente? unas prácticas que lleven, como suelen, a crisis financieras.

La liberalización financiera tiene efectos mucho más allá de la economía. Hace bastante tiempo que se comprendió que era un arma poderosa contra la democracia. El movimiento libre de los capitales crea lo que algunos han llamado un "parlamento virtual" de inversores y prestamistas que controlan de cerca los programas gubernamentales y "votan" contra ellos, si los consideran "irracionales", es decir, si son en beneficio del pueblo, y no del poder privado concentrado.

Los inversores y los prestamistas pueden "votar" con la fuga de capitales, con ataques a las divisas y con otros instrumentos que les sirve en bandeja la liberalización financiera. Esa es una de las razones por las que el sistema de Bretton Woods, establecido por los EEUU y la Gran Bretaña tras la II Guerra Mundial, instituyó controles de capitales y reguló el mercado de divisas. (1)

La Gran Depresión y la Guerra pusieron en marcha poderosas corrientes democráticas radicales que iban desde la resistencia antifascista hasta las organizaciones de la clase obrera. Esas presiones hicieron necesario que se toleraran políticas sociales democráticas. El sistema de Bretton Woods fue, en parte, concebido para crear un espacio en el que la acción gubernamental pudiera responder a la voluntad pública ciudadana, es decir, para permitir cierto grado de democracia.

John Maynard Keynes, el negociador británico, consideró como el logro más importante de Bretton Woods el de haber establecido el derecho de los gobiernos a restringir los movimientos de capitales.

Por espectacular contraste, en la fase neoliberal que siguió al desplome del sistema de Bretton Woods en los años 70, el Tesoro estadounidense contempla ahora la libre movilidad de los capitales como un "derecho fundamental", a diferencia, ni que decir tiene, de los pretendidos "derechos" garantizados por la Declaración Universal de Derechos Humanos: derecho a la salud, a la educación, al empleo decente, a la seguridad, y otros derechos que las administraciones de Reagan y Bush han displicentemente considerado como "cartas a Santa Claus", "ridículos" o meros "mitos".

En los primeros años, la gente no se hizo mayores problemas con el asunto. Las razones de ello las ha estudiado Barry Eichengreen en su historia, impecablemente académica, del sistema monetario. Allí se explica que, en el siglo XIX, los gobiernos "todavía no estaban politizados por el sufragio universal masculino, el sindicalismo y los partidos obreros parlamentarios". Por consiguiente, los graves costes impuestos por el parlamento virtual podían ser transferidos a la población general.

Pero con la radicalización de la población y de la opinión pública acontecida durante la Gran Depresión y la guerra antifascista, se privó de ese lujo al poder y a la riqueza privados. De aquí que en el sistema de Bretton Woods "los límites a la democracia como fuente de resistencia a las presiones del mercado fueran substituidos por límites a la movilidad del capital".

El obvio corolario es que, tras la desmantelación del sistema de posguerra, la democracia se ha visto restringida. Se ha hecho, por consiguiente, necesario controlar y marginar de algún modo a la población y a la opinión pública, procesos particularmente evidentes en las sociedades más aproadas al mundo de los negocios, como los EEUU. La gestión de las extravagancias electorales por parte de la industria de relaciones públicas constituye una buena ilustración.

"La política es la sombra que la gran empresa proyecta sobre la sociedad", concluyó en su día el más grande filósofo social norteamericano del siglo XX, John Dewey, y así seguirá siendo, mientras el poder resida "en los negocios para beneficio privado a través de un control sobre la banca, sobre el suelo y sobre la industria, un poder que se ve ahora reforzado por el control sobre la prensa, sobre los periodistas y sobre otros medios de publicidad y propaganda".

Los EEUU tienen, en efecto, un sistema de un sólo partido, el partido de los negocios, con dos facciones, republicanos y demócratas. Hay diferencias entre ellos. En su estudio sobre La democracia desigual: la economía política de la nueva Era de la Codicia, Larry Bartels muestra que durante las pasadas seis décadas "los ingresos reales de las familias de clase media crecieron dos veces más rápido bajo los demócratas que bajo los republicanos, mientras que los ingresos reales de las familias pobres de clase trabajadora crecieron seis veces más rápido bajo los demócratas que bajo los republicanos".

Esas diferencias se pueden ver también en estas elecciones. Los votantes deberían tenerlas en cuenta, pero sin hacerse ilusiones sobre los partidos políticos, y reconociendo el patrón regular que, durante los últimos siglos, ha venido revelando que la legislación progresista y el bienestar social siempre han sido conquistas de las luchas populares, nunca regalos de los de arriba.

Esas luchas siguen ciclos de éxitos y retrocesos. Han de librarse cada día, no sólo cada cuatro años, y siempre con la mira puesta en la creación de una sociedad genuinamente democrática, capaz de respuesta dondequiera, en las urnas no menos que en el puesto de trabajo.

NOTA: (1) El sistema de Bretton Woods de gestión financiera global fue creado por 730 delegados procedentes de 44 naciones aliadas en la II Guerra Mundial que acudieron a una Conferencia Monetaria y Financiera organizada por la ONU en el hotel Mont Washington en Bretton Woods, New Hampshire, en 1944. Bretton Woods, que colapsó en 1971, era el sistema de normas, instituciones y procedimientos que regulaban el sistema monetario internacional y bajo cuyos auspicios se creó el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD, por sus siglas en inglés) ?ahora una de las cinco instituciones que componen el Grupo del Banco Mundial? y el Fondo Monetario Internacional, que echaron a andar en 1945.El rasgo principal de Bretton Woods era la obligación de todos los países de adoptar una política monetaria que mantuviera dentro de unos valores fijos la tasa de cambio de su moneda. El sistema colapsó, cuando los EEUU suspendieron la convertibilidad al oro del dólar. Eso creó la insólita situación por la que el dólar llegó a convertirse en la "moneda de reserva" para los otros países que estaban en Bretton Woods.

Noam Chomsky , el intelectual vivo más citado y figura emblemática de la resistencia antiimperialista mundial, es profesor emérito de lingüística en el Instituto de Tecnología de Massachussets en Cambridge y autor del libro Imperial Ambitions: Conversations on the Post-9/11 World.



Traducción para www.sinpermiso.info : Casiopea Altisench

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La crisis del siglo (Ignacio Ramonet)

Mensagempor casdeiro » domingo, 26 out 2008, 19:05

Unha ampla entrevista en vídeo na que Ignacio Ramonet explica a crise e que non ter desperdicio. Moi pero que moi recomendable!!


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