EL DUENDE Y LAS AVISPAS

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snoopy
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EL DUENDE Y LAS AVISPAS

Mensagempor snoopy » sábado, 13 mai 2006, 22:45

EL DUENDE Y LAS AVISPAS

Félix, un labriego del lugar que había tomado algunas copas de más, dijo en voz alta en la taberna que él ?no creía en los duendes?.
De inmediato, una matrona madura que servía las mesas le contestó enojada:
-¿Con que no crees en los duendes, eh? Pues bien ¡yo te contaré agunas cosas en las que nuestros antepasados creían a pié juntillas! ¡No solo existen los ?zapareros del las hadas?, sinó que yo misma toqué uno una vez!

?Por aquel entonces yo era una hermosa joven (al menos eso es lo que me decían), embarazada de mi primer hijo, y un día en que estaba trabajando un poco en el huerto, pude oir un ruido de martilléo, como si alguien estuviera clavando clavos en una madera. Intrigada, me guié por el ruido para ver que lo causaba, y así pude descubrir, entre las plantas de porotos, que lo tapaban casi por completo , a un enanito extrañamente vestido que, aparentemente, estaba remendando un pequeño y delicado zapato recamado en hilos de oro y piedras preciosas.

?Su altura no era mayor a las 20 pulgadas y llevaba un sombrero de tres puntas, una chaqueta verde sujeta por un cinturón muy ancho, zapatos de hebillas enormes y fumaba una pipa de brezo? pequeñita, suspirando comicamente al inhalar el humo.
?Al darme cuenta de que se trataba, indudablemente, de un duende, me acerqué por su espalda y le dije:
-¿No es un día y una hora muy calurosos para un trabajo tan pesado?- Antes de comprender siquiera lo que el pretendía, lo tenía sentado sobre mi hombro. Entonces puse mi cara más amenazadora y le dije, -¡Dime dónde has escondido tu olla de oro y te perdonaré la vida!
?Entonces comenzó a carraspear y me respondió:
-?Verdaderamente no sé que podría hacer un mísero duende como yo con la enorme fortuna de que dispongo. Asi que ven conmigo, que lo compartiré contigo.
?- Si me engañas, te arrancaré los ojos ? le dije, con la cara desfigurada por una furia fingida -, y te sacaré las tripas con mis propias manos!
?Bueno, bueno, contestó el duende, entonces vayamos rápido así puedo volver a mi trabajo, que tengo muchos zapatos que remendar.

?Y así emprendimos el camino ? continuó narrando la mujer despues de una pausa agregó -: yo, manteniéndolo agarrado a mi lado y con los ojos tan fijos en él que ni siquiera recuerdo el camino que tomamos. Habríamos caminado no más de unos quince o veinte minutos, cuando comencé a escuchar un zumbido que parecía crecer a mis espaldas, y entonces el duende gritó:
?-¡Mira, mira! ¡Un enorme enjambre de avispas viene a atacarnos!

?_ Y yo fui lo bastante tonta como para creerle y me dí vuelta para mirar por dónde venía el peligro. Por supuesto que no ví ninguna avispa, y cuando volví la vista al duende, tampoco pude verlo a él. ¡Se había escapado, sin darme cuenta, de la mano firme con que yo lo sujetaba, y había huido más rápido que un rayo!, no sin antes haberse burlado de mí y de mi codicia de oro?.

Cuentos de Duendes

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