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Enviada por Xosé Enrique Vazquez Villarino
(200.10.225.78) o 29 de Xaneiro de 2002 ás 07:22:43:
En contestación a: Re: ...¡ Y AHORA, ¿Como sigue el cuento?!... enviada por Franklin o 26 de Xaneiro de 2002 ás 06:54:47:
Songo tenia tres hermanitos, Borondongo, Bernabé y Cuchilanga. Songo conocía muy bien el reglamento, sabia que el juego consiste en pasarla un rato a todos, sin que esté prohibido lucirse cuando le toca el turno, pero dejando que todos jueguen un poquito. Songo, además, declamaba todos los domingos en la iglesia, Biblia en mano, sobre las premisas del Evangelio, y leía, leía siempre como en el sermón de la montaña, Jesús enseñaba que el que tiene dos camisas debe dar una a su hermano, igual que el que tenía un pan, debía compartirlo con su prójimo. Pero a Songo, le parecía que al Evangelio le faltaban explicaciones sobre como, cuando y a quien pasarle un rato la pelota, el pan y la camisa. Lo más desconcertaba a Songo, era que el Evangelio, no preveía intereses, ni lucro, ni recompensa terrenal alguna y que el propósito ulterior del mandamiento parecía ser simplemente, el equilibrio de justicia administrado por los más poderosos a favor de los más débiles. No era tan difícil de entender, al fin de cuentas, Songo lo había experimentado en su propia familia, donde los grandes no empleaban su fortaleza y madurez para su propia satisfación sino para servir y asistir a los más pequeños, (casi, casi, intuía, que ese era el secreto de la supervivencia de la raza humana) que asiste y sostiene a los débiles hasta que se constituyen en autosuficientes. Pero Songo, sentía en su interior un bichito oscuro. Empezó a pavonearse ante los espejos con todas sus camisas, una por una, que después guardaba celosamente. Trataba de comer todo el pan que podía, en hamburguesas, hot-dogs,pasteles,galletas....pero era imposible comerlo todo, y al fin, se ponía duro, y había que tirarlo. La pelota, la conservaba bien engrasadita, debajo de la cama, y cuando la llevaba para jugar con sus hermanitos, era asignando a cada uno el puesto que se le antojaba, y aplicando el reglamento y el silbato a su gusto. Empezó a volverse paranóico, dormía atento a la pelota bajo la cama, vigilando su enorme pila de camisas planchadas, y asegurándose de comer todo el pan posible para reducir al minimo la cantidad que había que tirar por endurecimiento. Empezó a golpear a sus hermanos a la primera queja sobre su inconducta, y fomentó con una sonrisa, las divisiones entre ellos, producto de sus privaciones y su descontento. Menospreció ostensiblemente la educación, la moral y la piel de sus hermanos, obligándoles a pagarle con sobrado interes, cada minimo favor que les cambiaba por su parcialidad contra los otros hermanos. Alentó la ignorancia y la pobreza de todos y se alió (siempre con ventaja) con todos los vecinos fuertes, aún en perjuicio de su propia familia, arrebatándoles, su parte de la herencia, su territorio y su tiempo. Tal vez, un poco por todo esto y muchas otras actitudes de Songo, a ninguno de sus hermanos le asombró descubrir que, en realidad, Songo no era hijo de la madre de todos...... sino un advenedizo, cruel y caprichoso hijo de puta.
Si alguno de sus hermanos, tenía una jugada independiente y lucída, anulaba el tanto y si cundia el abucheo, se retiraba del juego visiblemente ofendido (llevándose la pelota, por supuesto)